sábado, 24 de octubre de 2009

CRISTIANOS… LOS NUEVOS MENSAJEROS DEL INFIERNO

( 1)


¡QUE HABLEN MAL, QUE HABLEN PEOR. PERO SI TIENEN ALGO IMPORTANTE QUE DECIRNOS, QUE NOS LO HAGAN SABER PORFAVOR!

ATT: CALLESHORTBUS (2).

Utilizando el baño de uno de los almacenes ÉXITO de la ciudad, nos ocurrió un evento, por una parte graciosa, y por otra rimbombantemente ridícula -todo según la óptica con la que se mire- .
Un señor, y describiremos con detalle para aumentar el grado de la poca credibilidad que al parecer tenemos, de unos 39 años, cabellos a ras de la cabeza, y una vestimenta que dejaba en evidencia su preferencia religiosa (pantalones clásicos de tela color verde olivo, camisa amarilla manga larga hasta las muñecas), luego de oír leerle en voz alta a mi compañero de blog los seudo clasificados sexuales que personajes de la disidencia (y fuera de ella también, para ridiculizar) dejan en la puertas de los baños.; acto seguido dice con voz contundente y convencida: “Todos los que se ponen a escribir esas porquerías, tienen el espíritu de sodoma y el infierno los esta esperando para ser consumidos”.

-Oh my god…

… severo mensaje divino proveniente de un siervo de Dios.

“Queremos aclarar que Calleshortbus con este texto no pretende de ninguna manera promover la escritura de clasificados sexuales en los baños de ningún lugar público”

Creímos que después de “No más Jehová que nos joda la existencia”( 3) el tema quedaría sanado en nuestras conciencias, que no nos afectaría escuchar insinuaciones moralistas provenientes de remedos del apóstol Jhony Copete (lo de apóstol de ninguna manera lo diríamos nosotros) y menos cuando no se tiene ni ½ grado de conocimiento académico o histórico al lanzar tales conjeturas.

“La ignorancia es atrevida y embiste como toro” decía mi abuelita cuando aún recordaba donde estaba ubicada la cama donde dormiría en las noches.

Nos critican muchas veces por pretender, mediante la repetición, introducir ideas en las cabezas de las personas que desinteresadamente nos leen; pero a todas estas, lo único que deja demostrado el caso del evangélico mensajero del diablo, es que el método sirve, y sirve de verdad. Nosotros armados con textos, relatos, críticas, bibliografía, experiencia, testimonios y todo lo que se pueda necesitar para hablar con propiedad sobre el tema, y ellos, con un par de versículos anticuados y anacrónicos, de un libro al que solo le entienden un par de salmos, pretenden superponerse y llevarse de un solo manotón años y años de investigaciones, vidas y batallas aún por dar.

Creen siempre tener la balanza a su favor; debido quizá a la seguridad que los 66 libros de la Biblia les brinda, y aseguran tener el derecho de desacreditar cualquier intento de defensa que provenga de parte de un “sodomita”.

¡SODOMITAS son sus madres que los engendraron y que no les explicaron que Sodoma era un pueblo antiguo, del cual se sabe tan poco que sólo se hace referencia a él para hacer mención de lo que a Lot allí le ocurrió! No somos sodomitas, y esto que les quede claro de una vez por todas, somos cartageneros, bogotanos, barranquilleros…Colombianos.

Estatuas de sal, lluvia de fuego, ángeles visitantes, falta de hospitalidad; cualquiera de esos argumentos que mencionan para defender o para desarticular el versículo de Génesis a Calleshortbus le importa un reverendo carajo. A todas estas lo único que nos interesa es que nos dejen de colocar gentilicios para referirse a nuestra condición sexual, y escúchese bien, condición sexual; parecen olvidar que aparte de lo que hacemos en la cama todas las noches, somos personas; inteligentes, capaces, hijos, estudiantes, trabajadores, artistas y hasta presidentes (sin referirnos al honorable mandatario de la república neo granadina de Colombia) y en general en todo en lo que cualquier heterosexual podría desempeñarse eficientemente.

No porque en Colombia se trafique masivamente con droga, todos los colombianos somos narcotraficantes. Son a esos mismos religiosos en algunos casos nacionalistas a los que sería prudente preguntarles si les gustaría por el sólo hecho de ser colombianos ser requisados, vigilados, observados, manoseados y ultrajados cuando llegan a otras naciones a predicar la palabra de Jehová.

Que se convirtiera en hábito -tal cual lo plantean los cristianos de hoy-, y se empezara a utilizar nombres de pueblos, ciudades o países para referirse a los pecados o faltas en los que sus habitantes caen en masa.

Sólo nos queda recordarles a nuestros hermanos del mundo, ya sean cristianos, budistas, raelianos o perteneciente a cualquier círculo religioso, que:

“Sus pecados no son menores a los nuestros y sus dedos deberían ser utilizados para algo mas edificante que usurpar el trabajo que su respectivo Mesías debería venir a cumplir… juzgar”

Notas:
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1.Ilustración tomada de : ilustra2.blogspot.com
2.http://calleshortbus.blogspot.com: Es un colectivo interactivo que se encarga de tratar temas relacionados con lo que nosotros empezamos a llamar- referenciados por Oscar Guash, autor de Crisis de la heterosexualidad-, disidencias sexuales; mirados por supuesto desde una óptica crítica y un tanto subjetiva sin salirnos del respeto y la academia.
3.http://calleshortbusradical.blogspot.com/2009/08/no-mas-jehova-que-nos-joda-la.html

domingo, 11 de octubre de 2009

Rompecabeza Travesti

Maxi Gutiérrez
Fotógrafo.Plata -Argentina
www.maxiworldtour.blogspot.com/
espaciomaxiguti@hotmail.com























Bucaramanga: Centenario.

Daniel Alfonso León
Historiador-Fotógrafo.
danielchucuri@hotmail.com
























EL COSTO DE SER DISTINTO: LA AVANZADA HOMOFOBICA EN COLOMBIA

Por: Orlando Deavila
Historiador
sicistia@hotmail.com

A la memoria de León Zuleta (1952-1993), asesinado por defender su derecho a ser distinto.




Vientos de libertad recorren América Latina. Por primera vez en la historia de la región, un país latinoamericano aprueba la adopción de menores de edad por parte de parejas homosexuales. El 25 de Septiembre del año en curso, miles de miembros de la comunidad LGBT marcharon para celebrar una de las más grandes conquistas en su lucha por la igualdad y el reconocimiento. Uruguay no ha sido una excepción a la regla. A pesar de que los avances logrados en los últimos años no alcanzan a superar la trascendencia de la conquista uruguaya, han sido varios los países que han dado pasos importantes hacia una apertura real en torno a la posición social de los LGBT. En años recientes, se han eliminado casi en la totalidad de los países de la región, las leyes que penalizaban y criminalizaban las prácticas homosexuales. Argentina, Chile, Cuba, Ecuador, Panamá, Puerto Rico , Costa Rica, México y Venezuela han marcado una pauta en esta tendencia. Inclusive, Nicaragua, el último reducto en América Latina que aún consideraba a la homosexualidad como un delito, desde el 2008 decidió despenalizarla.

A pesar de los claros avances en materia legal, la homofobia pareciera estar incrustada en la moral del latinoamericano. Brasil y México, ocupan el primer y segundo lugar respectivamente, en la lista de países con los más altos índices de asesinatos relacionados con el “prejuicio sexual”. Sin importar las campañas masivas emprendidas por los gobiernos de turno en ambos países, la homofobia no cede. Y es que el problema de la discriminación y la violencia en contra de los LGBT trascienden de la normatividad. Están instalados en rígidos esquemas mentales que no admiten la diferencia y el disenso. Podría pensarse que es natural que en una sociedad profundamente católica, dominada durante décadas por gobiernos de extrema derecha, derecha, centro-derecha, centro-centro, y todas las variaciones políticas del conservadurismo político, la homofobia tenga lugar. Lo complejo del caso latinoamericano es que la homofobia no siempre distingue de credo, o de orientación ideológica. La prueba fehaciente de esta realidad es la historia del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, una organización armada que a pesar de haberse definido como “de izquierda”, no tuvo mayores reparos en emprender acciones de guerra en contra de minorías sexuales, a las que ellos calificaban como “lacras sociales utilizadas para corromper a la juventud”. Fueron ellos, quienes en 1989, perpetraron la Masacre de Tarapoto, donde 8 transexuales fueron asesinados por activos del Movimiento en un bar de aquella localidad.

Precisamente por esta clase de antecedentes históricos, las conquistas adquiridas en los últimos años cobran importancia. La uniones civiles entre los homosexuales son comunes en varios países de la región, en ningún país latinoamericano son tenidos por “delincuentes”, y en Uruguay ha iniciado una nueva etapa para la comunidad LGBT. No obstante, son batallas ganadas en una guerra en fragor. En Colombia, la homofobia continúa con vida y sigue en combate. A inicios de años, las principales ciudades del país se inundaron con un panfleto amenazante, que además de condenar a muerte a delincuentes, drogadictos y prostitutas, sentencia a los homosexuales al exterminio. Este mismo año, un intento por crear la primera emisora LGBT en el país, Radio Diversia, terminó con la cancelación parcial del proyecto y el paso al exilio de sus principales gestores. Pero uno de los escenarios más preocupantes tiene lugar en el parlamento de la república. Una fracción pequeña, pero a su vez con una enorme capacidad de manipulación política, nacida en el seno de la derecha y del fundamentalismo cristianismo, ha venido emprendiendo su propia causa en contra de cualquier concesión a favor de los LGBT. Su posición privilegiada dentro de las filas de la derecha colombiana en el poder, les ha permitido hacer retroceder algunos proyectos de ley que contemplaban ampliar las posibilidades de establecer la unión civil entre parejas del mismo sexo. Lo que resulta dramáticamente común es el argumento bajo el cual suelen justificar su causa: “la defensa de la familia y la juventud”, los mismos argumentos bajo los cuales seis militantes del Movimiento Túpac Amaru acribillaron brutalmente a ocho transexuales en aquella fatídica noche del 31 de Mayo de 1989.

LA FORMACIÓN POLÍTICA E INTELECTUAL DEL HISTORIADOR*.

Carlos Fanuel Luna Castilla**
Historiador
carfalun@hotmail.com

En un polémico artículo recientemente publicado por la revista El malpensante bajo el título “La farsa de las publicaciones universitarias”, Pablo Arango nos ha hecho ver que en el medio académico colombiano lo que se tiene por producción intelectual ha sido la mayor parte de las veces el resultado de complejos juegos de negociación, oportunismos e intereses que bien podríamos considerar como políticos. La publicación de P. Arango viene en buen momento a ponernos sobre el tapete la discusión de si la universidad y los conocimientos y saberes que se generan al interior de las facultades y programas académicos son realmente una instancia independiente de juicio crítico de la sociedad y el poder o si, por el contrario, en el proceso de construcción de proyectos intelectuales también intervienen los vicios propios de lo que sería un tenebroso clientelismo académico. Al examinar el indeterminado número de revistas y obras elaboradas por “académicos” colombianos nos hace ver que la necesidad de sacar a la luz pública un libro o un artículo no está determinada por el interés en la construcción o profundización de algún conocimiento, la crítica y el análisis de realidades sociales más o menos concretas o la reflexión profunda sobre las disciplinas o ciencias sociales, sino que el principal motivo para hacer una publicación es el afán poco altruista por “hacerse a una buena hoja de vida” para satisfacer aspiraciones salariales. En su opinión, lo que “uno encuentra cuando consulta esas revistas es una serie de escritos contrahechos, triviales, autocomplacientes y, desde luego, casi ninguna discusión o crítica genuinas” [1]. Así, se explicaría el porqué las publicaciones universitarias tendrían un número de lectores tan reducido y una capacidad de influencia en la opinión pública sin ninguna trascendencia.

El artículo de P. Arango tiene la cualidad de mostrar como descubrimiento algo que todo el mundo sabe. En nuestro contexto, el ojo tal vez envidioso de los investigadores siempre cuestiona las razones que tiene una universidad para premiar con mejor salario a un poeta-profesor, de vida ociosa y contemplativa, con su pequeño y aparentemente inútil libro de poesía, que a un docente-investigador con su investigación que le ha hecho gastar buenas horas de su vida en trabajo de campo, archivos y bibliotecas. Eso podría significar que en nuestra sociedad se valora más la libre expresión de la creatividad del intelecto humano a través de la poesía, que la necesidad de buscar explicaciones a problemas más urgentes a través del conocimiento de la sociedad, pero sabemos que no es así. Muchos poetas viven de falsas reputaciones, como muchos “académicos” tienen fama de falsos profetas de la ciencia. Con todo tanto poetas como investigadores viven con notables carencias. El hambre de los maestros universitarios por que les suban de una u otra forma el sueldo —porque hay que decir que son verdaderos famélicos, seres que no se les reconoce merito pese a sus incansables esfuerzos— no es un argumento lo bastante sólido como para decir que nada de lo que escriben sirve de algo. Entre la evidente carroña académica y los ríos de tinta y papel no reciclable que se consume en revistas y libros hay muestras notables de talento, creatividad y esfuerzo investigativo. Puede que escribir malos, mal escritos y mal leídos libros tenga que ver antes con el papel que cumple la educación (educarse) en nuestro país, que con las pretensiones salariales, que como todo trabajador, tienen los docentes. Un público de lectores poco capacitado no está en condiciones de reconocer en su justa proporción una obra por mala o buena que sea.

En Colombia, a diferencia de Brasil que graduó a 52.838 doctores entre 2002 y 2006, sólo 352 pudieron titularse en el mismo periodo de tiempo en programas universitarios nacionales. En países como Chile la proporción de personas que ha alcanzado el nivel de doctorado es de 15 por cada millón de habitantes, mientras que en Colombia es de 1,8 por cada millón[2]. La educación ha servido al propósito de formar el ideal de la República práctica (la de una élite técnica y empresarial) y no al de la ampliación de la ciudadanía, al de la formación una esfera pública política literaria y al de la apertura de canales de movilidad social. Quienes pueden leer bien buenos libros son los que han logrado pasar los filtros para llegar a ser parte de la rosca de la elite intelectual, los que hereditariamente ya son miembros de ella y los que ganan más que un pírrico salario mínimo para adquirir los bienes de interés cultural que son los libros. Habría que decir también que las políticas regresivas de educación a nivel estatal (la desfinanciación sistemática de la universidad pública, la persecución política y exilio a estudiantes y maestros, la pata y el bolillo contra cualquier forma de protesta estudiantil, la utilización de la educación para capacitar mano de obra barata, la violación flagrante de la autonomía universitaria, la entrada de los reinsertados a la universidad, la reducción del pensum de las carreras) han actuado en detrimento de la calidad de los lectores. No hay que estudiar mucho el asunto para darse cuenta que hoy por hoy vivimos del miedo impuesto por el discurso antiterrorista en la universidad, que no hay fondos suficientes para producir una buena investigación, que muchos compañeros de biblioteca han sido tildados de “guerrilleros de cafetería” y han tenido que salir del país para proteger sus vidas, que estudiar una carrera no es un propósito altruista sino la necesidad vital de conseguir un empleo, que la política de admisión no la define la comunidad universitaria sino el gobierno que ha puesto en las aulas a los combatientes de la guerra. Lo que hace pensar que existen problemas estructurales que explican, y hasta justifican, un pésimo libro.

El propósito de este ensayo es abordar uno de tantos problemas que a nuestro parecer es el que ha impedido la posibilidad de formar un “mercado de juicio crítico”: el de la inexistente formación política e intelectual de los estudiantes y profesionales colombianos. Con el ejemplo de los historiadores, es de interés mostrar cómo se desenvuelven esta clase de profesionales y estudiosos en particular en el contexto que ha venido siendo objeto de nuestro análisis. Resultaría provechoso saber cómo coexisten y conviven los historiadores —con necesidades como las de divulgar los resultados de sus pesquisas en revistas y obras individuales o colectivas, la de gestionar la información y la financiación para sus investigaciones, la de aprender y enseñar el conocimiento que producen— con las viciadas prácticas descritas por P. Arango en su artículo. En nuestra opinión, las limitaciones que imponen los filtros para acceder a las publicaciones universitarias, la imposibilidad de formarse como investigador independiente por la creciente moda de los grupos de investigación y la acomodación que produce las cercanías al poder han hecho que la formación política e intelectual sea una herramienta vital en el campo de la aplicabilidad de la historia. En pocas palabras, lo que sugerimos es que el historiador debe ser pensado al tiempo como intelectual y como político.

El historiador como intelectual.

Es un secreto a voces que la educación en Colombia es la herramienta privilegiada de los grupos hegemónicos de poder para mantener su dominio sobre el Estado, la sociedad y la economía. Este dominio no sólo se ha sustentado en la transmisión de su ideología y su moral a través de los espacios de difusión y transmisión de ideas y pensamientos que son las escuelas y las universidades, sino que han consolidado su poder a través de la exclusión de grandes masas de personas pobres del sistema educativo. La educación, concebida por los constituyentes del 91 como un servicio y un derecho de obligatorio cumplimiento por parte del estado, ha sido una inexplicable deuda social. Inexplicable porque el capitalismo moderno, a diferencia de formas de organización económicas precedentes que dependían del control de la tierra y los medios de producción, tiene como principal fuente de riqueza la generación de conocimiento. Para un monopolio tecnológico como Microsoft o una multinacional farmacéutica como Bayer el gran capital de la empresa no lo constituyen sus inversionistas como la producción de patentes que son el resultado de la investigación y el conocimiento producido por voluminosos ejércitos de hombres de ciencia. En Colombia, la regla general no ha sido “hacer ciencia para hacer millones” y, por el contrario, el conocimiento ha sido mirado con desdén. El precio más alto que ha pagado el país por tener viviendo con lujos a una pequeña y acomodada clase de banqueros, comerciantes, industriales, terratenientes, ganaderos, narcotraficantes y señores de la guerra ha sido el exilio y muchas veces muerte de nuestras mejores mentes.

El intelectual no se concibe como un sujeto de ocio sino como una especie de instrumento ciego del delito que valida y justifica las acciones de los gobiernos y que legitima el dominio de las elites. Para adquirir el status de intelectual no se necesita una brillante carrera académica sino las simpatías de los colegas y el poder que le otorgan desde arriba. La certificación es para el intelectual colombiano una garantía notarial de su condición. Es mucho más importante para él ser reconocido por sus títulos que por su obra, lo que se articula de manera orgánica con aquella concepción de la educación que pone por encima de la enseñanza de valores ciudadanos y de la autonomía individual, la especialización y la titulación como meta. El ejemplo de un sector de los economistas nos ofrece la generalidad del problema. Los economistas colombianos se sienten formando parte de una comunidad epistémica internacional cuyos principales polos del saber son las catedrales universitarias de Gran Bretaña y Estados Unidos. Pero mientras en esos países hablan con bastante independencia de los gobiernos, en Colombia la autoridad académica de estos se ejerce desde altos cargos en el Banco de la República, el Ministerio de Hacienda o el Departamento de Planeación Nacional. Mientras en esos países la modernización del Estado consistió en la formación de un cuerpo técnico y especializado de administradores que racionalizaran la función del estado, en Colombia no pudo pasarse de una tradición legalista, personalista y clientelar de burócratas especializados en el control de los bienes públicos. Como si fuera poco, “los distintos sistemas de concesión para hacer doctorados, y de reclutamiento de los doctores para ocupar posiciones importantes en el Estado colombiano, —ha dicho Marco Palacios— no parecen guiarse por los principios de igualdad de oportunidades, sino por la lógica de la reproducción del capital cultural de los grupos sociales dominantes”. De modo que el saber económico, que todos creemos portador de la neutralidad técnica, no está exento de intereses. Por eso crean lenguajes que, bajo el manto de la especialización, hacen prácticamente ininteligibles sus opiniones dejando sin elementos de juicio a la gran mayoría de personas que les leen y escuchan[3].

Esta visión sobre la vida intelectual dista mucho de la que ofreciera Edward Said en el marco de las Conferencias Reith para la BBC de Londres en 1993. Según Said, independientemente de la postura ideológica donde se sitúe, el intelectual debe defender las verdades de la miseria, debería develar las servidumbres de los privilegiados y su compromiso debería ser decirle la verdad al poder. En su opinión, el intelectual debe ser visto como un francotirador, un perturbador del statu quo, un individuo que tenga como valor superior al de la acomodación el espíritu de oposición. Es un personaje que se muestra y es percibido como un ser inadaptado que vive en una morada temporal de infelicidad. En Said el intelectual no es un simple profesional: “por profesionalismo —decía— entiendo el hecho de que como intelectual, concibas tu trabajo como algo que haces para ganarte la vida, entre las nueve de la mañana y las cinco de la tarde, con un ojo en el reloj y otro vuelto a lo que se considera que debe ser la conducta adecuada, profesional: no causando problemas, no transgrediendo los paradigmas y límites aceptados, haciéndote a ti mismo vendible en el mercado y sobre todo presentable, es decir, no polémico, apolítico y ‘objetivo’”. Concibe entonces el ofrecimiento a ser funcionario, la especialización y la certificación de experto como una de las presiones que se ejercen al trabajo intelectual. Así, propone que el intelectual se presente como un amateur, un aficionado, que sea capaz de plantear cuestionamientos morales, de ser un agente de transformación y un miembro pensante de la sociedad. Es un defensor a ultranza de la libertad de expresión porque, digámoslo una vez más, su deber es decirle la verdad al poder. No tiene dioses, es laico. No apela a su identidad nacional, a la tradición o a la costumbre, a contrario sensu, duda de ellas[4].

Los historiadores colombianos, como los economistas y otros profesionales de las ciencias sociales, no se acercan a la visión del intelectual propuesta por Said. En la actualidad muchos están más preocupados por llenar los requisitos impuestos por Colciencias para armar grupos de investigación, que en resolver problemas de su vida circundante (ya hasta para ser investigador hay que llenar un formulario por demás virtual). La concesión de las becas para doctorarse no se aleja mucho de la realidad de los economistas. Lo peor es que muchos se han prestado para legitimar proyectos económicos y políticos del presente a través de la presentación de imágenes favorables de determinados sectores sociales (comerciantes, banqueros, industriales, terratenientes, ganaderos, políticos). No existe entre ellos un compromiso con la verdad. La historia no es un tribunal que sirve para establecer sanciones morales sobre las gentes del pasado, sino una profesión ejercida por fiscales ciegos. Es que escribir historias también tiene sus propósitos que bien podríamos calificar según nuestro propio sistema de principios morales. Para nosotros el uso público de la historia debería ser un proyecto moralmente viable como lo ha sugerido Josep Fontana, cuando plantea que la publicidad de la historia “comienza evidentemente con la educación, de la que recibimos los contenidos de una visión histórica codificada, fruto de una larga labor de colonización intelectual desde el poder, que es quien ha decidido cuál es ‘nuestro’ pasado, porque necesita asegurarse con ello de que compartimos ‘su’ definición de la identidad del grupo del que formamos parte, y que no tiene inconveniente en controlar y censurar los textos y los programas cuando les conviene. Porque eso de la historia es muy importante como para dejarlo sin vigilancia”[5].

El historiador como político.

Es imposible pensar al historiador como un ser apolítico. Este siempre intenta aludir o flagelar a un público. Lo vemos cuando a ratos intenta falsear o negar la historia. También cuando aparece ejerciendo su oficio desde una embajada. La política es vital para construir historias porque no es sólo un campo de estudio sino que también es un espacio de acción. Gonzalo Sánchez en Guerras, memoria e historia, una bella reflexión sobre su propia historia, no lo ha podido expresar de mejor forma: el historiador “no es un ‘outsider’ sino un testigo, un observador participante, que se ocupa de los acontecimientos transcurridos durante su propia vida”[6]. Testimoniar, documentar, historiar son prácticas ante todo políticas. Aún con la sustitución del estudio de la política por el poder, una aparente evolución mental en las ciencias sociales, no han desaparecido ni la militancia, ni las pretensiones políticas. La reivindicación de los negros, los indios, los trabajadores, los homosexuales, las mujeres, los anormales, los vagos como sujetos históricos da cuenta del talante político que muchas veces se imprime en las investigaciones. Pero habiendo advertido sobre el carácter político del historiador y su historia valdría la pena preguntarnos sobre qué tipo de política o políticas podemos aportar desde la historia como parte de un proyecto de aplicabilidad del conocimiento producido desde la disciplina.

De plano tendríamos que rechazar enfáticamente aquella visión de la política que tiene como credo fundamental el interés. No debería ser la política del historiador la de vender lo que produce y venderse a si mismo al mejor postor. En nada nos referimos a la política en el sentido que le daba Max Weber al término cuando planteaba que era “la aspiración a participar del poder o a influir en la distribución del poder entre los distintos estados o, dentro de un mismo Estado, entre los distintos grupos de hombres que lo componen”[7]. ¿Qué será de un historiador que aspire al poder o que influya sobre la distribución del poder al sostener ideológicamente a la rosca de la que hace parte? Nada bueno. Por eso pensamos que debería existir el convencimiento de que la participación política del historiador debería girar en torno ciertos deberes entre los que podemos contar el de ser un crítico del poder, un polemista destacado de los valores sociales dominantes y un ser cuyo interés esencial sea vivir “para” la historia, no “de” la historia. Con esto queremos decir que el historiador es, por la misma naturaleza de su disciplina, un alborotador, un francotirador y un perturbador de todos los aspectos de su existencia. Recordemos que la historia es “una esperanza crítica”.

La política del historiador, por tanto, no es un proyecto ideológico de clase o un programa de contenidos específicos portador de un credo. Ésta sólo debe aspirar a ser una fuente de revisión y reclamación de cuestiones que no son simplemente principios (libertad, igualdad, individualidad) sino perspectivas. Cuando decimos que en la política hay una veta fecunda de aplicación del conocimiento histórico es porque la mirada crítica del historiador puede ayudar a generar algún grado de lucidez. Al mirar hacia el pasado el historiador no sólo recaba información y la interpreta desde su cosmovisión sino que conoce experiencias concretas relevantes para tomar decisiones en el presente. El desconocimiento de la historia puede llevar a equívocos, no a repeticiones. La memoria, que también es algo sujeto a políticas de reactivación, sirve al tiempo como instrumento de dominación y liberación. Como atribución al historiador le compete custodiar la memoria de los pueblos de los vicios del poder y las manipulaciones. Porque finalmente aquello que entendemos por identidad —y que siempre descubrimos cuando nos preguntamos quién soy o quiénes somos— no lo determina más que el que tiene acceso al pasado, asunto que sin duda tiene implicaciones éticas.

Es una política sin agendas, pero podríamos trazarnos alguna que incluya la defensa a ultranza de la educación pública, el rechazo a la guerra como mecanismo de transferencia del poder y de resolución de conflictos, la democratización de la investigación a través del merito, la aplicación del conocimiento histórico a través de la acción política, la formación de una cultura intelectual entre los estudiosos de la historia, la denuncia del negacionismo y de la complicidad de los historiadores con el poder dominante, el desarrollo del espíritu de oposición, el uso público, comunitario y racional de la historia, la renuncia al positivismo histórico y el apoyo a la creatividad, la defensa del humanismo entre historiadores, el reconocimiento de los silencios y las voces calladas del pasado…


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* Preparado para el diplomado “Formación pedagógica para la educación superior” en su versión de 2009.
** Historiador, Universidad de Cartagena.
[1] ARANGO, Pablo. “La farsa de las publicaciones universitarias”. En: El malpensante. Nro. 97. Bogotá: Mayo de 2009.
[2] “Nuevas elites intelectuales”. En: El espectador. Bogotá: Junio 25 de 2009.
[3] PALACIOS, Marco. “Saber y poder: el caso de los economistas colombianos”. En: Del mismo autor. De populistas, mandarines y violencias. Luchas por el poder. Bogotá: Editorial Planeta Colombiana, 2001.
[4] SAID, Edward. Representaciones del intelectual. Bogotá: Editorial Debate, 2007.
[5] FONTANA, Josep. ¿Para qué sirve la historia en un tiempo de crisis? Bogotá: Ediciones Pensamiento Crítico, 2006.
[6] SÁNCHEZ, Gonzalo. Guerras, memoria e historia. Medellín: La Carreta Editores, 2006.
[7] WEBER, Max. “La política como vocación”. En: Del mismo autor. El político y el científico. Madrid: Alianza Editorial, 2005.

domingo, 5 de julio de 2009

CONSTRUCCIÓN DE IDENTIDADES Y SUBJETIVIDADES: REFLEXIONES DESDE EL GÉNERO EN LA CIUDAD DE CARTAGENA

CEILIKA- GELRCAR

Exposición Fotográfica
Título: “Con los besos en las manos no se come”…1. Roberto Arlt.


Eso dirían todas aquellas personas, hombres y mujeres, que día a día libran esa lucha anónima contra el tedio de la costumbre que asalta las calles, el árido asfalto donde deambulan como hijos del sol, combatiendo el terror del pavimento hasta llegar a dominarlo, para tejer con sus manos el pan en cada boca. Evitando el vomito que arrojan esos seres “magnánimos o siniestros” desde las ventanas de los edificios llenos de podredumbre; evitando el hambre, la sed, el corte de la luz, la ignorancia de sus hijos, la bofetada en la mejilla izquierda, el abandono de su Dios 2 .

En la construcción del discurso histórico, es de vital importancia para el historiad@ dentro de sus investigaciones el disponer de fuentes ya sean escritas: cartas, relatos, estadísticas; testimonios orales; entrevistas; arqueológicas: hallazgos; literatura; imágenes visuales: pinturas, fotografías. Elementos que hacen parte del material de análisis a investigar para sustentar lo planteado en sus hipótesis de trabajo.

En este aspecto, el Grupo de Investigación ECOS considerando la importancia de realizar un estudio de la construcción de lo masculino y lo femenino, tiene como fiel propósito en su investigación, analizar cómo se han constituido las identidades y subjetividades entre los géneros, a partir del análisis de los microesapcios de la familia, la industria, la educación, cultura, política e iglesia.

Partiendo del concepto de género, como categoría útil para el análisis histórico de las relaciones sociales entre hombres y mujeres en la sociedad, podemos entender como estos y estas se han organizado y configurado, generándose relaciones desiguales de poder, que se manifiestan en las jerarquías y ocupaciones de espacios naturalizados entre hombres y mujeres. Es decir, el género debe ser analizado como principio organizador y ordenador de las relaciones, creando estructuras singulares para la práctica social 3. Evidenciando las interrelaciones entre el universo laboral, familiar, político, económico, y cultural.

Dentro de dicha investigación, hemos abierto un espacio de reflexión fotográfico a través de imágenes de mujeres populares de la ciudad de Cartagena, que permiten comprender de manera distinta la realidad. Por ello, la fotografía hoy será el instrumento de acercamiento a los rostros y rastros de estas mujeres, que se extravían a nuestra mirada insistente en un lente fotográfico en la calle.

Recordemos que la fotografía, más que una imagen es el reflejo de toda una sociedad. Una imagen que domina como medio de creación de opinión y de ahí la expresión “una imagen vale más que mil palabras”. En palabras de la socióloga y fotógrafa Giséle Freund:
...”la fotografía posee la aptitud de expresar los deseos y las necesidades de las capas sociales dominantes, y de interpretar a su manera los acontecimientos de la vida social. Las relaciones que provocan una mutua dependencia entre las expresiones artísticas y la sociedad, y de qué modo las técnicas de la imagen fotográfica han transformado nuestra visión del mundo” 4.

Con la fotografía buscamos senbilizarnos de sus estilos de vida, de sus modos de ser, de sus modos de negociar con los lenguajes que las pre- escriben a espacios marginados, en donde, el pavimento o el clima son sus fieles compañeros. Tras una mesa de frito, un puesto de chancletas, una mesa de gafas o un sinfín de manillas, que buscan convertirse en atractivas para alguien, en medio de los gritos y clamores de la mami, muchas de estas mujeres trabajan, diariamente.

Mientras otras caminan sobre el ardiente pavimento y tejen el manto oscuro de la noche para posarse sobre él como estrellas, sonríen con tristeza en esquinas, parque y alcantarillas a la espera de un amante indeseado pero, que es su salvación, quien no es más que “un personaje esquivo” para un historiador, porque no ha tenido voz y cuando ha hablado la mayoría de las veces lo ha hecho adoptando el discurso oficial, el de la ley.

Mujeres que no son pasivas, ni mucho menos dóciles, con los discursos que las colocan como receptoras de modelos tradicionales. Muchas de ellas son jefas de hogar, en donde su rol no es solo proveer afecto, sino el sustento diario, otras en compañía de su esposo trabajan en conjunto para dar posibilidades de superación a sus hijos/as

Ellas son la propuesta central de esta exposición fotográfica en donde cada fotografía busca, ser una muestra de su labor, de su hazaña diaria, en donde el deber ser, no querer ser, es una ambivalencia diaria en estas mujeres que se enfrentan con la vida, y cada día reafirman un espacio para sí con la venta de sus productos.

Interpretando los lenguajes que al interior de este mundo se dan, podríamos decir que es común escuchar: “Este es el espacio de Bienvenida, no este no es el tuyo, este es el mío, expresiones comunes cuando alguien, llega por primera vez, y otra ya tiene todo una vida allí”, esta es prácticamente su casa.

Porque no cuestionarnos desde el presente con la fotografía, porque no convertir la fotografía en un documento en donde a través de sus imágenes, sea el lenguaje de la imagen nuestro código de interpelación , el color y los efectos los que hablen y digan, quienes son ellas en el espacio social de la ciudad.

Las imagines son discursos, que ayudan a fijar significados a través de sus enunciados. En ese orden de ideas Isabel Cristina Bermúdez, afirma que “las imágenes están cargadas de símbolos que se constituyen en todo un lenguaje donde las denotaciones y connotaciones que se desean imponer se articulan con el receptor del mensaje y complementarias de saberes culturales de significación general”5 .

El anterior trabajo, es producto de las investigaciones realizadas por el grupo de investigación perteneciente CEILIKA- GELRCAR, que tiene como línea central el análisis de la CONSTRUCCIÓN DE IDENTIDADES Y SUBJETIVIDADES: REFLEXIONES DESDE EL GÉNERO EN LA CIUDAD DE CARTAGENA. Esta exposición fotográfica no sería una realidad sin la colaboración invaluable de Emanuel Julio 6, quien con su conocimiento nos guio en este mundo del arte fotográfico. Los fotógrafos y fotógrafas de “Con besos en las manos no se come”, son Never Barrios Herrera, Ana Victoria Padilla Onatra y Kelly Inés Perneth Pareja, y sobre todo gracias a ellas, anónimas hoy, fueron quienes permitieron que esto fuera posible, a cada una de ellas mil gracias 7.


NOTAS

1.Titulo tomado del libro “Los siete Locos”, de Roberto Arlt.
2.Fragmento realizado por Ana Victoria Padilla Onatra
3.VIVEROS, Vigoyas Mará. “El concepto de “género” y sus avatares: Interrogantes en torno algunas viejas y nuevas controversias”. En: Pensar (en) género. Teorías y prácticas para nuevas cartografías del cuerpo. Carmen Millán de Benavides y Ángela Estrada Mesa (Comp.).Editorial Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá.2004.Pág.172.
4.FREUND, Giséle. La fotografia como documento social. Ed. Gustavo Gili, Barcelona 1976
5.BERMÚDEZ, Isabel Cristina. Imágenes y representaciones de la mujer en la Gobernación de Popayán. Quito. Corporación Editora Nacional; Universidad Andina Simón Bolívar. 2001. Pág.23.
6.Músico y diseñador empírico gráfico, bajista del Colectivo Artístico Soma.
7.Sus nombre hemos decido no mencionarlos en esta exposición por seguridad, ya que algunas manifestaban temor de que sus identificaciones provocarán perjuicios a sus trabajos con relación a algunas políticas de la ciudad por la ubicación de estas en el espacio público.

EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA: "CON LOS BESOS EN LAS MANOS NO SE COME".


FOTOGRAFÍA TOMADA POR: ANA VICTORIA PADILLA ONATRA


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FOTOGRAFÍA TOMADA POR: NEVER BARRIOS HERERRA




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FOTOGRAFÍA TOMADA POR: KELLY INÉS PERNETH PAREJA



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Viorar Vel Til Loftarasa

LA SOGA vs. HAYS: RUPTURA DE LOS IMAGINARIOS SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD.



Eduardo Barona 1.

El cine representa a la sociedad, y lo hace mediante el uso de un leguaje o narrativa audiovisual que permite dar a conocer los imaginarios sociales. No obstante, también es posible observar mediante las ausencias y censuras lo antes anotado. Verbigracia el genero cinematográfico denominado Rosa.. Ahora, este tópico, a pesar del persistente estigma social, es uno de los más tratados en dicho medio audiovisual, ya sea desde la comedia, drama, tragedia, cine negro, thriller, suspense, entre otros.
Sin embargo, y de manera puntual, a este tipo de cine se le denomina Rosa porque durante el holocausto causado por los nazis en la segunda guerra mundial, a todo aquel judío acusado de homosexualidad, se le dibujaba en alguna parte del cuerpo o de la ropa una estrella de David color rosa. De ahí proviene la asociación de este color a, los actualmente autoreconocidos como LGBT.
Los directores que lo han abordado-Luchino Visconti, Fassbinder, Jean Genet, Bernardo Bertolucci, Pier Paolo Pasolini, Derek Jarman, Pedro Almodóvar, entre otros-demuestran un discurso visual, que profundiza en la problemática de la homosexualidad desde un sinfín de perspectivas. Profundización efectuada a partir del respeto hacia otras elecciones sexuales, no obstante, y como es evidente, al parecer solo en el cine es clara tal aceptación. A este cine es posible considerarlo, como el cine acerca de los excluidos y marginados sexuales de la sociedad del siglo XX y XXI, debido a que este medio tiene la facultad de mostrar los miedos, tabúes, y todo aquello que se esconde dentro de las estructuras mentales de una sociedad. Sin embargo, aun es posible observar la estigmatización mediática acerca de algunos elementos de la sociedad y de la comunidad LGBT.
A continuación se hará una breve descripción histórica respecto al cine de temática y con personajes gay, el cual surge tempranamente con Lot in Sodom, de Webber y Watson del año 1933, y eliminada de los circuitos comerciales. La otra que corrió la misma suerte data del año 1928: La caja de Pandora, de G.W. Pabst, Cero en conducta, que Jean Vigo filmó en 1933. También podemos citar como antecedentes del cine gay, Ivan el Terrible (1945) y Octubre del genial Eisenstein, cuyos elementos gay son bastante sutiles. Además se encuentran Jean Genet, "Saint-Genet” Un chant d´amour, Querelle de Brest del director alemán R.Fassbinder en 1982. Y a estos se le suman otros más.
Dentro de esta corta lista de producciones y directores, se halla La Soga 2, del año 1948 y dirigida por Alfred Hitchcock, la cual es una adaptación de la obra de teatro homónima escrita por Patrick Hamilton en 1929. El film se desarrolla a partir del asesinato de un joven estudiante por parte de dos compañeros de clase, de los cuales es posible deducir, si el auditorio es atento, su homosexualidad. Esto, porque Hitchcock, de forma sutil, cuidadosa y mediante el lenguaje gestual y corporal, así lo hace ver.


La Homosexualidad es mostrada tal manera porque la sociedad occidental, de la cual hace parte su director y para el contingente al cual va dirigido; dentro de su mascarada excluye y juzga todo aquello, que según su episteme de moralidad, se puede considerar como contranatural. A demás son fácilmente identificables, porque retratan la imagen existente en la sociedad acerca de ello, esto porque reflejaban los clichés imperantes.
Ahora, durante los años 30 y durante tres décadas, las Iglesias, sea católica o protestante, amenazaban con boicotear a las películas de este tipo. De esta forma, se crearía el Código Hays, creado en 1930 por Will. H Hays, y otros más, “…Fue inaugurado por la Asociación de Productores y Cinematográficos de los EEUU (M.P.P.A.) el 31 de marzo de 1930, pero no fue aplicado hasta 1934, y hasta 1956 no altero su contenido. Fue derogado en 1967” 3. A continuación se referenciaran algunos puntos de este Código:
• Principios generales: donde se enunciaban los principios básicos por los que se regía el código, aludiendo a la moral del espectador, el mal y el pecado.
• Crímenes: donde no se permiten crímenes explícitos. Si se mostraban debían de hacerse de forma que no fueran capaces de suscitar la imaginación del espectador.
• La sexualidad: se aludía al carácter sagrado del matrimonio y del hogar, y con ello se intentaba evitar que dieran a conocer otras situaciones como relaciones sexuales esporádicas, o situaciones de hecho.
• La vulgaridad: según este código, se debería atender a las exigencias del buen gusto y respetar la sensibilidad del espectador.
• Blasfemias: lógicamente para un código creado por personas religiosas, las blasfemias estaban totalmente prohibidas, haciendo alusiones este código a las figuras sacrosantas de Cristo y la Santa Virgen.
• El vestuario: se prohibían los desnudos, también la exhibición de quitarse la ropa e incluso se prohibía que se mostrase el ombligo (!).
• El baile: bailes indecentes o sexuales prohibidos también.
• La religión: no se podían mostrar a los ministros de culto bajo aspecto cómico o crapuloso, y tampoco podían cometer ningún crimen.
• Decorados: de nuevo la alusión al buen gusto y la delicadeza para señalar que estos deberían regir la utilización de los dormitorios, y evitando que se diera importancia a la cama (!)
• Temas reprobables: el ahorcamiento, la electrocución, el estrangulamiento, lo macabro, y muchas más, incluso las operaciones quirúrgicas.
• Decisiones particulares sobre el vestuario: hace un inciso el código en este apartado señalando que las prohibiciones de vestuario no afectan a las tribus indígenas de países extranjeros, es decir, estas podían mostrar el ombligo.
• El alcohol: aludiendo a la vida americana decía que el alcohol nunca se podía mostrar de forma excesiva.
• Decisiones particulares sobre la sexualidad: aludiendo de nuevo al carácter sagrado de la institución del matrimonio y del hogar, se recomienda que el triangulo (no el que te imaginas) sino el de una relación de tres personas, debe ser objeto de un tratamiento circunspecto. Y un amor impuro nunca debe mostrarse como atractivo o hermoso.
• Decisiones particulares sobre el desnudo: se sugiere que mejor que un desnudo se use telas transparentes o traslucidas.
• Decisiones particulares sobre la danza: cito textualmente: "las danzas que sugieren o representan actos sexuales, sean ejecutadas por una, dos o numerosas personas, las danzas que tienen por fin provocar reacciones emotivas del público, las danzas que originan movimientos de senos, una agitación excesiva del cuerpo estando inmóviles, son un ultraje al pudor y son malas." Es decir, solo se permiten danzas o bailes al estilo de Fred Astaire y Ginger Rogers 4.

Escondiendo entonces, la vida misma, llena de grises, de dicha y tristeza, de prosperidad y crisis, pero para algunos grupos sociales era necesario esconder algunos comportamientos, y tan solo debían reflejar algo mas utópico, algo concomitante a la idea de religión, de Dios, y de como querían ellos que se mostrase a la sociedad norteamericana. En el caso de la problemática gay en el cine, esta censura exigía un trato indirecto sobre el tema, pero sin eliminar, dicho tema, del todo.
En el periodo anterior a la censura el personaje gay era interpretado de una forma cómica, luego y durante la puesta en marcha del código Hays pasaron a interpretar roles de villanos, en concordancia a los requerimientos y a la concepción de homosexualidad de tal ley. La Soga es muestra de ello, porque evidencia esa ruptura de imaginarios mentales, es decir, durante los años 20 y antes de la censura, la homosexualidad era tratada como algo normal, cómica; mientras que luego de los 30 hasta los 60 esta condición y elección sexual reflejaba, en el cine, todo lo contrario.



De ahí que los personajes principales, del film en cuestión, son seres que presentan cierta curiosidad por cometer un asesinato. Para explicarlo a continuación se referenciara la siguiente cita en la que uno de los personajes, Brandon, da muestras de su sensación: “El poder matar puede ser tan satisfactorio como el de crear" 5.

Con lo anterior, podríamos afirmar, que Films como La Soga, representan la realidad psicológica y física de Norte América, atada a los requerimientos de criminalización de prácticas no aceptadas. No obstante, la critica no puede ir en contra de esta, es decir de la película, mas bien a la sociedad para la cual fue producida.

NOTAS

1.Estudiante de la Universidad de Cartagena y miembro activo del Comité de Cine, de la misma institución. Activista por los derechos de la comunidad LGBT.
2.Proveedor de imagen, http://www.hoycinema.com/fotos/soga-1948.htm
http://blugosi.freeprohost.com/codigo-hays.htm
3.Ver ficha tecnica en www.alohacriticon.com/elcriticon/article1154.html
4.IBID.
5.http://www.temakel.com/cinelasoga.htm. Juan Salas, "La soga", trabajo realizado en el contexto de la materia Filosofía de la Carrera Sociología de la Universidad de Buenos Aires, en 2008. Las imágenes que se muestran a continuación son del mismo proveedor

Homosexuales: entre el pecado, el delito y la enfermedad

Muriel Jiménez Ortega 1.

Hoy en día son comunes las noticias sobre las adquisiciones de derechos y visibilización de sectores históricamente marginados, entre estos los marginados por su orientación sexual no heterosexual, como los homosexuales, a la vez que se han convertido en objeto de estudio de innumerables disciplinas y cada vez sus reclamaciones son más aceptadas, sin embargo los imaginarios de exclusión y discriminación siguen perpetuándose.

En este articulo analizaremos cómo los prejuicios actuales que sustentan la homofobia, son respaldados por discursos que a lo largo de la historia han inventado al sujeto homosexual desde la otredad, teniendo en cuenta además que la aparente “tolerancia” actual hacia los homosexuales trae consigo toda una lógica de género que ha llevado cada vez más a igualar las relaciones homosexuales a las heterosexuales, en un proceso de normalización de la sexualidad que comenzó hace ya más de un siglo.

Es por esto que hablamos entonces de la homosexualidad como una construcción histórica y a la vez un objeto de conocimiento por parte de la historia, porque no siempre ha significado lo mismo y las sociedades no siempre han pensado la homosexualidad de la misma forma en que se piensa hoy.

El sujeto homosexual ha sido objeto de discursos que ha construido toda una caracterización sobre su personalidad, psicología y maneras de actuar, que han servido para sustentar el orden homofóbico y Heterosexista actual.

La sodomía: el pecado de la contra-natura

Tenemos entonces que antes del siglo XIX el homosexual no existía como categoría, no se encuentran por ejemplo en las lenguas clásicas griega y latina una palabra que pueda traducirse por homosexual, y observamos también que en el mundo griego y romano en general, el homoerotismo no constituía ni un pecado, ni una enfermedad ni un delito 2.

Varios siglos después, cuando se proclamó el cristianismo como religión oficial en occidente y se instituyó la ley canoníca por el concejo de Elvira en el año 309 d.c, de un conjunto de 87 leyes, 37 afectaban la conducta sexual; incluía además los pecados de la carne descritos por San Pablo, donde se especificaba una concepción del bien y el mal y se daban las pautas de la moral cristiana, entre los pecados de la carne se incluía el masculorum concubitores 3, que hacía referencia a los hombres que se acuestan con hombres, en este momento de la historia el discurso religioso se invistió de poder para regular las conductas sexuales pecaminosas.

El sodomita, fue entonces una categoría que legitimada por el discurso religioso de la cristiandad hacía referencia al relato de génesis 19:1-5, el cual se interpreto como el castigo divino a la ciudad de Sodoma y Gomorra por sus prácticas contra natura, de allí en adelante el saber bíblico legitimó el control social contra el sodomita, y los discursos que giraban en torno a este sujeto lo constituyeron como hereje e inmoral. Según Oscar Guash, la sodomía englobaba además todas las prácticas sexuales que no llevaban a la reproducción, como el sexo oral, sexo anal, zoofilia, masturbación y homosexualidad entre otras 4, el control social entonces estuvo legitimado en este periodo por el saber religioso, lo cual permitió que instituciones como la inquisición perseguir y aniquilar a los herejes.

El siglo XIX y el nacimiento del homosexual

Con el advenimiento de la modernidad y los cambios que produjo en la historia, el discurso religioso perdió validez, ya no era suficiente hablar de prácticas pecaminosas, ni de sodomía, los nuevos saberes científicos eran los que producían verdades validas para este nuevo contexto. El sodomita podía cometer actos censurables —no más por otra parte que otros condenados por la ley de Dios— que incluso se calificaban de contrarios a la Naturaleza y de perversión. No obstante, no se identificaba su conducta con un trastorno mental o con un desarreglo físico. En realidad, para llegar a ese juicio habría que esperar a la consolidación de la psiquiatría como ciencia 5.

La homosexualidad, es una categoría del siglo XIX construida a partir de unos saberes y discursos contextualizados en esta época y de acuerdo a unas necesidades históricas, necesidades históricas en las que Foucault sitúa el interés por el problema económico y político de la población y sus variables como: la natalidad, morbilidad, duración de la vida, estado de salud, la sociedad afirma que su futuro y fortuna están ligados a la manera en que cada cual hace uso de su sexo 6.

A este respecto Foucault nos dice que es en el siglo XIX bajo la sociedad burguesa y capitalista que

“La sexualidad es cuidadosamente encerrada. Se muda. La familia conyugal la confisca. Y la absorbe por entero en la seriedad de la función reproductora. En torno al sexo, silencio. Dicta la ley la pareja legítima y procreadora. Se impone como modelo, hace valer la norma, detenta la verdad, retiene el derecho de hablar –reservándose el principio del secreto. Tanto en el espacio social como en el corazón de cada hogar existe un único lugar de sexualidad reconocida, utilitaria y fecunda: la alcoba de los padres. El resto no tiene más que esfumarse; la conveniencia de las actitudes esquiva los cuerpos, la decencia de las palabras blanquea los discursos. 7”

En este tiempo se reubican y clasifican todas las identidades y prácticas que no fueran heterosexual-matrimonial, para esto, se crean dispositivos sutiles de poder, se pone al descubierto la sexualidad, queda entonces la Medicina, la justicia penal y la psiquiatría como los principales productores de discursos sobre el sexo durante los siglos XVIII y XIX. Uno de esos productos, es el homosexual:

“Esta nueva caza de las sexualidades periféricas produce una incorporación de las perversiones y una nueva especificación de los individuos. La sodomía –la de los antiguos derechos civil y canónico- era un tipo de actos prohibidos; el autor no era más que su sujeto jurídico. El homosexual del siglo XIX ha llegado a ser un personaje: un pasado, una historia y una infancia, un carácter, una forma de vida; así mismo una morfología, con una anatomía indiscreta y quizás misteriosa fisiología (…) La homosexualidad apareció como una de las figuras de la sexualidad cuando fue rebajada de la práctica de la sodomía a una suerte de androginia interior, de hermafroditismo del alma. El sodomita era un relapso, el homosexual es ahora una especie. 8”

De lo anterior es muestra la obra del psiquiatra alemán Richard Von Krafft Ebing, que en 1886 incluía en su libro 'Psychopathia Sexualis' la homosexualidad como una "perversión sexual" y se la atribuía una degeneración de origen hereditario 9; de igual manera Tardieu en 1857 con la publicación del estudio médico-legal sobre los delitos contra la honestidad incluye la homosexualidad como enfermedad mental y aberración.
La psiquiatría, ha tenido la función de regular el comportamiento sexual mediante la observación, el análisis, la clasificación, el diagnóstico y la medicación de aquellas identidades, deseos, fantasías y prácticas sexuales que están fuera de una “sexualidad saludable” 10.

Por otro lado las posturas del padre del psicoanálisis han sido sumamente ambiguas, en sus reflexiones sobre algunos pacientes homosexuales, Freud, la caracterizó como el resultado de un conflicto durante el desarrollo de la identidad sexual en el que el varón se identifica con el sexo femenino y empieza a sentir atracción por los hombres muy masculinos, la categorizó como una anormalidad y desviación sexual 11, sin embargo también es famoso el artículo donde responde a una señora que buscó su ayuda porque su hijo era homosexual y entre otras cosas le dice que “la homosexualidad no es un vicio(…) y no puede catalogarse como una enfermedad,(…) la consideramos una variación de la función sexual” 12.

Muy a pesar de que Freud consideraba sus ideas como preliminares, sus seguidores tomaron estos análisis como leyes científicas, aplicando las conclusiones de ciertos casos de homosexuales que Freud trato, para afirmar que la homosexualidad era en sí un problema mental, de aquí en adelante entonces, son innumerables las publicaciones sobre el tratamiento psiquiátrico sobre el homosexual que llevan a justificar las actitudes actuales hacia estos.

Por otro lado Walter Bustamante habla “de homosexualidades –pues no es una sola- son diversas según la institución de poder que hable, porque cada una, al mirar al sujeto que tiene prácticas amatorias con los de su sexo, construye con su discurso un objeto para observar y controlar y unas estrategias para hacerlo” 13, analiza entonces cuatro instituciones y sus discursos que hacen visibles a los homosexuales de distintas maneras: El Sodomita: que es un pecador. Este objeto construido por el cristianismo y su discurso religioso y moral. El Corruptor: que es un delincuente. Objeto construido por la legislación decimonónica y todo su saber jurídico. El Afeminado: que es un anormal. Objeto construido por la familia y la educación y su discurso moral y pedagógico. El homosexual y el pederasta: que es un enfermo. Objeto construido por la medicina y su discurso 14.

El lenguaje es constructor de realidades, y sin duda los discursos construyen identidades y sujetos, el discurso se materializa en los cuerpos y aunque la homosexualidad fue despatologizada en 1973 y despenalizada en nuestro país en 1980, los imaginarios de exclusión siguen existiendo, afirmados por unos discursos que se mantuvieron sobre los cuerpos de pecadores, de los enfermos y los delincuentes.

Todas estas construcciones discursivas sobre el homosexual, tienen que ver profundamente con la valoración que se tiene sobre la manera en que las personas organizan su vida sexual, en este sentido el género cobra importancia para descubrir la lógica subyacente a los mecanismos culturales que han armado las narrativas históricas sobre la sexualidad, y como elemento básico para explorar las pautas de dominación, subordinación y resistencia, la sexualidad como construcción social está sujeta a un contexto cultural e histórico 15.

El homosexual, como pecador, como delincuente, y como patología aparece cuando el homoerotismo es vivido y visto como “anormal”, pues la cultura estigmatiza este tipo de deseo, porque choca con la ley social, hay personas que no someten su deseo al imperativo heterosexual de la normatividad social y consideran que lo que está mal es la normatividad otras sin embargo se consideran a sí mismas “anormales” e intentan “curarse” o establecen relaciones heterosexuales en un intento de ajustarse a la ley social.

La forma en que la cultura instala la lógica del género en nuestra percepción y conciencia conduce a estigmatizar a las mujeres que tienen una conducta sexual activa y libre, o sea similar a la masculina, y a reprimir y a discriminar a personas homosexuales, ambas practicas están teñidas por el sexismo y la homofobia, que son la expresión más violenta del esquema cultural del genero 16, por lo menos hoy en día hay un reconocimiento del problema de la mujer y cierta conciencia del sexismo como algo injusto, en cambio la homofobia o rechazo irracional a la homosexualidad, no es vivida como una injusticia y es hasta justificada, históricamente esta ha tenido varias formas, llegando a casos extremos de exterminio, como ocurrió en el nazismo o en la serie de agresiones físicas y homicidios que ocurren hoy en día, esto por no estar integrada a la normatividad Heterosexista y todo lo que ello implica.

La lógica del genero ha simbolizado la diferencia sexual, entiendo al hombre y a la mujer como seres “complementarios” con diferencias “naturales” propias de cada quien ha dificultado la conceptualización de mujeres y hombres como seres iguales y también ha excluido la sexualidad entre personas del mismo sexo.

NOTAS

1.Estudiante VII semestre de historia, programa de historia, universidad de Cartagena, marzo de 2009
2.Mandimore, Francis Mark. Una Historia Natural De La Homosexualidad, Ed Paidós, Barcelona, 1998, P-26

3.Aries, Philippe “San Pablo Y Los Pecados De La Carne”
4.Guash, Oscar. La Crisis De La Heterosexualidad. Ed. Laertes. Barcelona. 2000
5.Vidal, Cesar. “La Homosexualidad No Es Lo Que Era” En: Http://Revista.Libertaddigital.Com. [24/11/2008].
6.Foucault, Michel. Historia De La Sexualidad. La Voluntad De Saber. Ed. Siglo Veintiuno. México. 2000, P, 18.
7.Ibíd., Págs. 9-10
8.Ibíd., Págs. 56-57
9.Lantigua, Isabel. “Cuando La Homosexualidad Se Consideraba Una Enfermedad” En: Http://Elmundosalud.Elmundo.Es. [24/11/2008].
10.Gamboa Barboza, Isabel. “La Constitución de Trastornos Sexuales en la Psiquiatría”. Diálogos. Revista electrónica de historia. Universidad de costa rica. Vol. 7. 2006.Ver en: http://www.historia.fcs.ucr.ac.cr/articulos/2006/9gamboahistoria.pdf [24/11/2008]
11.Freud, Sigmund. Tres ensayos sobre teoría sexual. Ed. Alianza. Madrid.1967.Pág. 159.
12.Mandimore, Francis Mark. Op cit, p.101
13.Bustamante, Walter Alonso “El invento del homosexual, una tradición de persecución, la invisibilidad, una forma de resistencia, Discursos en la construcción de las homosexualidades” En: seminario “hacia una agenda sobre sexualidad y derechos humanos en Colombia” universidad nacional, marzo del 2004, págs. 71-83
14.ibíd.
15.ibíd.
16.Lamas, Marta, “Cuerpo e identidad” En: Género e Identidad, ensayos sobre lo femenino y lo masculino. Arango, luz Gabriela; león, magdalena; viveros, mara (compiladoras) TM editores, Bogotá, 1995, p. 61-79
16.Ibíd.