Muriel Jiménez Ortega 1.
Hoy en día son comunes las noticias sobre las adquisiciones de derechos y visibilización de sectores históricamente marginados, entre estos los marginados por su orientación sexual no heterosexual, como los homosexuales, a la vez que se han convertido en objeto de estudio de innumerables disciplinas y cada vez sus reclamaciones son más aceptadas, sin embargo los imaginarios de exclusión y discriminación siguen perpetuándose.
En este articulo analizaremos cómo los prejuicios actuales que sustentan la homofobia, son respaldados por discursos que a lo largo de la historia han inventado al sujeto homosexual desde la otredad, teniendo en cuenta además que la aparente “tolerancia” actual hacia los homosexuales trae consigo toda una lógica de género que ha llevado cada vez más a igualar las relaciones homosexuales a las heterosexuales, en un proceso de normalización de la sexualidad que comenzó hace ya más de un siglo.
Es por esto que hablamos entonces de la homosexualidad como una construcción histórica y a la vez un objeto de conocimiento por parte de la historia, porque no siempre ha significado lo mismo y las sociedades no siempre han pensado la homosexualidad de la misma forma en que se piensa hoy.
El sujeto homosexual ha sido objeto de discursos que ha construido toda una caracterización sobre su personalidad, psicología y maneras de actuar, que han servido para sustentar el orden homofóbico y Heterosexista actual.
La sodomía: el pecado de la contra-natura
Tenemos entonces que antes del siglo XIX el homosexual no existía como categoría, no se encuentran por ejemplo en las lenguas clásicas griega y latina una palabra que pueda traducirse por homosexual, y observamos también que en el mundo griego y romano en general, el homoerotismo no constituía ni un pecado, ni una enfermedad ni un delito 2.
Varios siglos después, cuando se proclamó el cristianismo como religión oficial en occidente y se instituyó la ley canoníca por el concejo de Elvira en el año 309 d.c, de un conjunto de 87 leyes, 37 afectaban la conducta sexual; incluía además los pecados de la carne descritos por San Pablo, donde se especificaba una concepción del bien y el mal y se daban las pautas de la moral cristiana, entre los pecados de la carne se incluía el masculorum concubitores 3, que hacía referencia a los hombres que se acuestan con hombres, en este momento de la historia el discurso religioso se invistió de poder para regular las conductas sexuales pecaminosas.
El sodomita, fue entonces una categoría que legitimada por el discurso religioso de la cristiandad hacía referencia al relato de génesis 19:1-5, el cual se interpreto como el castigo divino a la ciudad de Sodoma y Gomorra por sus prácticas contra natura, de allí en adelante el saber bíblico legitimó el control social contra el sodomita, y los discursos que giraban en torno a este sujeto lo constituyeron como hereje e inmoral. Según Oscar Guash, la sodomía englobaba además todas las prácticas sexuales que no llevaban a la reproducción, como el sexo oral, sexo anal, zoofilia, masturbación y homosexualidad entre otras 4, el control social entonces estuvo legitimado en este periodo por el saber religioso, lo cual permitió que instituciones como la inquisición perseguir y aniquilar a los herejes.
El siglo XIX y el nacimiento del homosexual
Con el advenimiento de la modernidad y los cambios que produjo en la historia, el discurso religioso perdió validez, ya no era suficiente hablar de prácticas pecaminosas, ni de sodomía, los nuevos saberes científicos eran los que producían verdades validas para este nuevo contexto. El sodomita podía cometer actos censurables —no más por otra parte que otros condenados por la ley de Dios— que incluso se calificaban de contrarios a la Naturaleza y de perversión. No obstante, no se identificaba su conducta con un trastorno mental o con un desarreglo físico. En realidad, para llegar a ese juicio habría que esperar a la consolidación de la psiquiatría como ciencia 5.
La homosexualidad, es una categoría del siglo XIX construida a partir de unos saberes y discursos contextualizados en esta época y de acuerdo a unas necesidades históricas, necesidades históricas en las que Foucault sitúa el interés por el problema económico y político de la población y sus variables como: la natalidad, morbilidad, duración de la vida, estado de salud, la sociedad afirma que su futuro y fortuna están ligados a la manera en que cada cual hace uso de su sexo 6.
A este respecto Foucault nos dice que es en el siglo XIX bajo la sociedad burguesa y capitalista que
“La sexualidad es cuidadosamente encerrada. Se muda. La familia conyugal la confisca. Y la absorbe por entero en la seriedad de la función reproductora. En torno al sexo, silencio. Dicta la ley la pareja legítima y procreadora. Se impone como modelo, hace valer la norma, detenta la verdad, retiene el derecho de hablar –reservándose el principio del secreto. Tanto en el espacio social como en el corazón de cada hogar existe un único lugar de sexualidad reconocida, utilitaria y fecunda: la alcoba de los padres. El resto no tiene más que esfumarse; la conveniencia de las actitudes esquiva los cuerpos, la decencia de las palabras blanquea los discursos. 7”
En este tiempo se reubican y clasifican todas las identidades y prácticas que no fueran heterosexual-matrimonial, para esto, se crean dispositivos sutiles de poder, se pone al descubierto la sexualidad, queda entonces la Medicina, la justicia penal y la psiquiatría como los principales productores de discursos sobre el sexo durante los siglos XVIII y XIX. Uno de esos productos, es el homosexual:
“Esta nueva caza de las sexualidades periféricas produce una incorporación de las perversiones y una nueva especificación de los individuos. La sodomía –la de los antiguos derechos civil y canónico- era un tipo de actos prohibidos; el autor no era más que su sujeto jurídico. El homosexual del siglo XIX ha llegado a ser un personaje: un pasado, una historia y una infancia, un carácter, una forma de vida; así mismo una morfología, con una anatomía indiscreta y quizás misteriosa fisiología (…) La homosexualidad apareció como una de las figuras de la sexualidad cuando fue rebajada de la práctica de la sodomía a una suerte de androginia interior, de hermafroditismo del alma. El sodomita era un relapso, el homosexual es ahora una especie. 8”
De lo anterior es muestra la obra del psiquiatra alemán Richard Von Krafft Ebing, que en 1886 incluía en su libro 'Psychopathia Sexualis' la homosexualidad como una "perversión sexual" y se la atribuía una degeneración de origen hereditario 9; de igual manera Tardieu en 1857 con la publicación del estudio médico-legal sobre los delitos contra la honestidad incluye la homosexualidad como enfermedad mental y aberración.
La psiquiatría, ha tenido la función de regular el comportamiento sexual mediante la observación, el análisis, la clasificación, el diagnóstico y la medicación de aquellas identidades, deseos, fantasías y prácticas sexuales que están fuera de una “sexualidad saludable” 10.
Por otro lado las posturas del padre del psicoanálisis han sido sumamente ambiguas, en sus reflexiones sobre algunos pacientes homosexuales, Freud, la caracterizó como el resultado de un conflicto durante el desarrollo de la identidad sexual en el que el varón se identifica con el sexo femenino y empieza a sentir atracción por los hombres muy masculinos, la categorizó como una anormalidad y desviación sexual 11, sin embargo también es famoso el artículo donde responde a una señora que buscó su ayuda porque su hijo era homosexual y entre otras cosas le dice que “la homosexualidad no es un vicio(…) y no puede catalogarse como una enfermedad,(…) la consideramos una variación de la función sexual” 12.
Muy a pesar de que Freud consideraba sus ideas como preliminares, sus seguidores tomaron estos análisis como leyes científicas, aplicando las conclusiones de ciertos casos de homosexuales que Freud trato, para afirmar que la homosexualidad era en sí un problema mental, de aquí en adelante entonces, son innumerables las publicaciones sobre el tratamiento psiquiátrico sobre el homosexual que llevan a justificar las actitudes actuales hacia estos.
Por otro lado Walter Bustamante habla “de homosexualidades –pues no es una sola- son diversas según la institución de poder que hable, porque cada una, al mirar al sujeto que tiene prácticas amatorias con los de su sexo, construye con su discurso un objeto para observar y controlar y unas estrategias para hacerlo” 13, analiza entonces cuatro instituciones y sus discursos que hacen visibles a los homosexuales de distintas maneras: El Sodomita: que es un pecador. Este objeto construido por el cristianismo y su discurso religioso y moral. El Corruptor: que es un delincuente. Objeto construido por la legislación decimonónica y todo su saber jurídico. El Afeminado: que es un anormal. Objeto construido por la familia y la educación y su discurso moral y pedagógico. El homosexual y el pederasta: que es un enfermo. Objeto construido por la medicina y su discurso 14.
El lenguaje es constructor de realidades, y sin duda los discursos construyen identidades y sujetos, el discurso se materializa en los cuerpos y aunque la homosexualidad fue despatologizada en 1973 y despenalizada en nuestro país en 1980, los imaginarios de exclusión siguen existiendo, afirmados por unos discursos que se mantuvieron sobre los cuerpos de pecadores, de los enfermos y los delincuentes.
Todas estas construcciones discursivas sobre el homosexual, tienen que ver profundamente con la valoración que se tiene sobre la manera en que las personas organizan su vida sexual, en este sentido el género cobra importancia para descubrir la lógica subyacente a los mecanismos culturales que han armado las narrativas históricas sobre la sexualidad, y como elemento básico para explorar las pautas de dominación, subordinación y resistencia, la sexualidad como construcción social está sujeta a un contexto cultural e histórico 15.
El homosexual, como pecador, como delincuente, y como patología aparece cuando el homoerotismo es vivido y visto como “anormal”, pues la cultura estigmatiza este tipo de deseo, porque choca con la ley social, hay personas que no someten su deseo al imperativo heterosexual de la normatividad social y consideran que lo que está mal es la normatividad otras sin embargo se consideran a sí mismas “anormales” e intentan “curarse” o establecen relaciones heterosexuales en un intento de ajustarse a la ley social.
La forma en que la cultura instala la lógica del género en nuestra percepción y conciencia conduce a estigmatizar a las mujeres que tienen una conducta sexual activa y libre, o sea similar a la masculina, y a reprimir y a discriminar a personas homosexuales, ambas practicas están teñidas por el sexismo y la homofobia, que son la expresión más violenta del esquema cultural del genero 16, por lo menos hoy en día hay un reconocimiento del problema de la mujer y cierta conciencia del sexismo como algo injusto, en cambio la homofobia o rechazo irracional a la homosexualidad, no es vivida como una injusticia y es hasta justificada, históricamente esta ha tenido varias formas, llegando a casos extremos de exterminio, como ocurrió en el nazismo o en la serie de agresiones físicas y homicidios que ocurren hoy en día, esto por no estar integrada a la normatividad Heterosexista y todo lo que ello implica.
La lógica del genero ha simbolizado la diferencia sexual, entiendo al hombre y a la mujer como seres “complementarios” con diferencias “naturales” propias de cada quien ha dificultado la conceptualización de mujeres y hombres como seres iguales y también ha excluido la sexualidad entre personas del mismo sexo.
NOTAS 1.Estudiante VII semestre de historia, programa de historia, universidad de Cartagena, marzo de 2009
2.Mandimore, Francis Mark. Una Historia Natural De La Homosexualidad, Ed Paidós, Barcelona, 1998, P-26
3.Aries, Philippe “San Pablo Y Los Pecados De La Carne”
4.Guash, Oscar. La Crisis De La Heterosexualidad. Ed. Laertes. Barcelona. 2000
5.Vidal, Cesar. “La Homosexualidad No Es Lo Que Era” En: Http://Revista.Libertaddigital.Com. [24/11/2008].
6.Foucault, Michel. Historia De La Sexualidad. La Voluntad De Saber. Ed. Siglo Veintiuno. México. 2000, P, 18.
7.Ibíd., Págs. 9-10
8.Ibíd., Págs. 56-57
9.Lantigua, Isabel. “Cuando La Homosexualidad Se Consideraba Una Enfermedad” En: Http://Elmundosalud.Elmundo.Es. [24/11/2008].
10.Gamboa Barboza, Isabel. “La Constitución de Trastornos Sexuales en la Psiquiatría”. Diálogos. Revista electrónica de historia. Universidad de costa rica. Vol. 7. 2006.Ver en: http://www.historia.fcs.ucr.ac.cr/articulos/2006/9gamboahistoria.pdf [24/11/2008]
11.Freud, Sigmund. Tres ensayos sobre teoría sexual. Ed. Alianza. Madrid.1967.Pág. 159.
12.Mandimore, Francis Mark. Op cit, p.101
13.Bustamante, Walter Alonso “El invento del homosexual, una tradición de persecución, la invisibilidad, una forma de resistencia, Discursos en la construcción de las homosexualidades” En: seminario “hacia una agenda sobre sexualidad y derechos humanos en Colombia” universidad nacional, marzo del 2004, págs. 71-83
14.ibíd.
15.ibíd.
16.Lamas, Marta, “Cuerpo e identidad” En: Género e Identidad, ensayos sobre lo femenino y lo masculino. Arango, luz Gabriela; león, magdalena; viveros, mara (compiladoras) TM editores, Bogotá, 1995, p. 61-79
16.Ibíd.