domingo, 11 de octubre de 2009

EL COSTO DE SER DISTINTO: LA AVANZADA HOMOFOBICA EN COLOMBIA

Por: Orlando Deavila
Historiador
sicistia@hotmail.com

A la memoria de León Zuleta (1952-1993), asesinado por defender su derecho a ser distinto.




Vientos de libertad recorren América Latina. Por primera vez en la historia de la región, un país latinoamericano aprueba la adopción de menores de edad por parte de parejas homosexuales. El 25 de Septiembre del año en curso, miles de miembros de la comunidad LGBT marcharon para celebrar una de las más grandes conquistas en su lucha por la igualdad y el reconocimiento. Uruguay no ha sido una excepción a la regla. A pesar de que los avances logrados en los últimos años no alcanzan a superar la trascendencia de la conquista uruguaya, han sido varios los países que han dado pasos importantes hacia una apertura real en torno a la posición social de los LGBT. En años recientes, se han eliminado casi en la totalidad de los países de la región, las leyes que penalizaban y criminalizaban las prácticas homosexuales. Argentina, Chile, Cuba, Ecuador, Panamá, Puerto Rico , Costa Rica, México y Venezuela han marcado una pauta en esta tendencia. Inclusive, Nicaragua, el último reducto en América Latina que aún consideraba a la homosexualidad como un delito, desde el 2008 decidió despenalizarla.

A pesar de los claros avances en materia legal, la homofobia pareciera estar incrustada en la moral del latinoamericano. Brasil y México, ocupan el primer y segundo lugar respectivamente, en la lista de países con los más altos índices de asesinatos relacionados con el “prejuicio sexual”. Sin importar las campañas masivas emprendidas por los gobiernos de turno en ambos países, la homofobia no cede. Y es que el problema de la discriminación y la violencia en contra de los LGBT trascienden de la normatividad. Están instalados en rígidos esquemas mentales que no admiten la diferencia y el disenso. Podría pensarse que es natural que en una sociedad profundamente católica, dominada durante décadas por gobiernos de extrema derecha, derecha, centro-derecha, centro-centro, y todas las variaciones políticas del conservadurismo político, la homofobia tenga lugar. Lo complejo del caso latinoamericano es que la homofobia no siempre distingue de credo, o de orientación ideológica. La prueba fehaciente de esta realidad es la historia del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, una organización armada que a pesar de haberse definido como “de izquierda”, no tuvo mayores reparos en emprender acciones de guerra en contra de minorías sexuales, a las que ellos calificaban como “lacras sociales utilizadas para corromper a la juventud”. Fueron ellos, quienes en 1989, perpetraron la Masacre de Tarapoto, donde 8 transexuales fueron asesinados por activos del Movimiento en un bar de aquella localidad.

Precisamente por esta clase de antecedentes históricos, las conquistas adquiridas en los últimos años cobran importancia. La uniones civiles entre los homosexuales son comunes en varios países de la región, en ningún país latinoamericano son tenidos por “delincuentes”, y en Uruguay ha iniciado una nueva etapa para la comunidad LGBT. No obstante, son batallas ganadas en una guerra en fragor. En Colombia, la homofobia continúa con vida y sigue en combate. A inicios de años, las principales ciudades del país se inundaron con un panfleto amenazante, que además de condenar a muerte a delincuentes, drogadictos y prostitutas, sentencia a los homosexuales al exterminio. Este mismo año, un intento por crear la primera emisora LGBT en el país, Radio Diversia, terminó con la cancelación parcial del proyecto y el paso al exilio de sus principales gestores. Pero uno de los escenarios más preocupantes tiene lugar en el parlamento de la república. Una fracción pequeña, pero a su vez con una enorme capacidad de manipulación política, nacida en el seno de la derecha y del fundamentalismo cristianismo, ha venido emprendiendo su propia causa en contra de cualquier concesión a favor de los LGBT. Su posición privilegiada dentro de las filas de la derecha colombiana en el poder, les ha permitido hacer retroceder algunos proyectos de ley que contemplaban ampliar las posibilidades de establecer la unión civil entre parejas del mismo sexo. Lo que resulta dramáticamente común es el argumento bajo el cual suelen justificar su causa: “la defensa de la familia y la juventud”, los mismos argumentos bajo los cuales seis militantes del Movimiento Túpac Amaru acribillaron brutalmente a ocho transexuales en aquella fatídica noche del 31 de Mayo de 1989.

2 comentarios:

  1. Pese a que colombia es un pais homofobico, pienso yo que existen peores casos, donde las personas son mas conservadoras, aun asi es dificil contar con facultades veneficas para nuestra minoria y duele mucho que existan personas que no entiendan el por que de nuestra condicion

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  2. Es impensable el tema de la comunidad LGBTI, sin hacer mención de la ética práctica que ha impuesto la iglesia católica, tras sus discursos morales. La influencia tan determinarte que tiene la Iglesia en la sociedad nos permite pensar en lo sacro de la vida cotidiana.
    Las personas que se reconocen y asumen sexualmente por fuera de la normatividad sexual hetero, están expuest@s a que la sociedad actué como panóptico vigilador que se encarga que la norma sexual se cumpla.
    La homofobia es una práctica que conduce a la violación del ejercicio pleno sexual enmarcada en la constitución. Muchas gracias por tus comentarios, y sabes creo que es necesario hacer mayor pedagogía para revaluar estos discursos, por ello propongo hacer trabajos con otros dispositivos de poder como es la escuela y la familia.

    Kelly Inés Perneth Pareja
    Integrante del Colectivo ECOS.

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