domingo, 23 de enero de 2011

Poesia IndianSommer



SOMMER MESTRA PERNETT (INDIANSOMMER)
smrprntt@gmail.com



La fábula de la flor díptera.

Desnuda,la mosca golpea contra el cristal,
repetidamente zumba y lucha entre aleteos de arranque;
ciega o confundida,
se agita cautiva entre el límite burlesco del vitral.
Afuera, el verde la excita con llamativas sustancias,
fucsias color putrefacto,
reinos de cosas desechas, larvas, suciedad,
lunas tendidas sobre el césped enmohecido de olvido,
cadáveres abiertos como girasoles en espera...
Al igual que la mosca,
el placer desmigajado de la piel revolotea,
aumenta embravecido e impulsado por cómodos temblores,
decrece cuando se abre la ventana,
y de repente, se rompe el cristal…
Y la desnudez termina.




Visceral.

La flor se dirigió a la luna,
borracha de mieles malditas,
a formularle una sencilla petición:
¡Luna, baja de tu trono, para que puedas ser mi mujer!
pero el astro enmudecido ignoró cruelmente a la flor…
Y enrojeció tanto,
en su propósito de violentar aquel velo,
que se empeñó en alargar su cuerpo cavernoso, hasta hacerlo celeste.
Fue tal el esfuerzo que sintió desplegarse, levitar,
y al tocar de cerca su intención,
un vértigo alucinado le mostró por un ojal,
la pasión que le había hecho perder todos sus pétalos,
convirtiéndole en tallo.
Ahora, su consuelo consiste en regresar
a la fantasía del vuelo y el perfume,
para recordarse astro…o flor.


Por mí podría matar,
destruirme,
encender el universo,
beber el océano y escupirlo al sol.

Dentro de una calabaza mágica, se escucha la garganta
de una avecilla trinando su delicada melodía.
Por curiosidad, abriré un agujero para ver en su interior,
quizá algún petirrojo cautivo aleteando en el columpio
de enredaderas amarillas.
Vaya sorpresa cuando en su lugar encuentre,
palpitando a toda prisa, un pequeño corazón que
no dudaré en arrancar y devorar sin piedad
con las fauces doradas abiertas
frente a la mirada vegetal y temerosa del resto de hortalizas de la granja
quienes astutamente liberarán de sus corazones
hacia el espacio abierto las dulces avecillas
que les crecen y trinan desde adentro.


Muy dentro de mí, no emancipado,
un ser que no cesa su marcha,
ni quiere decir su nombre.
Melancólico o violento alzo mi espada contra dios,
y de ella extraigo, hecho pedazos,
un corazón de lujuria que devoro despacio,
en comedores de negrura y santidad.
Untado de efervescencia hasta en la tierna intimidad,
invoco la hora perfecta del zarpazo, del ataque felino;
no sin antes, de un tirón, volver añicos el altar perturbado de su divinidad,
y así acabar por completo, con este miserable enfrentamiento,
que estoy seguro, no he iniciado.



Retornar.

Es mi reflejo, quien lanza la piedra
y no alcanza a romper el cristal,
obligándome a colapsar duramente.
Es mi turno, me corresponde envenenarme
en la ilusión,
he sido engañado con la sutil promesa
de la compañía,
¿Qué es entonces la silueta que se proyecta ante mí?
Es mi reflejo, que me invita a precipitar,
quien me envenena y engaña,
quien me lanza la piedra por última vez.
Relato para consentir las pasiones.
Momentos antes de la llegada de los amantes
he apostado mi sueño en aquel lecho,
encendiendo una pasión
de fósforo joven sobre sábanas de piedra.
Los amantes: dos cuerpos gordos y complicados,
que sólo conocen del sexo y el amor
la visión almidonada que aprendieron de sus padres,
se ejercitan a su vez, con maestría, en un discurso mojigato
que del coito y el exceso se suele tener.
Fornican con una dificultad espantosa
entre goces asmáticos de corto alcance y
húmedos pliegues de carne enrojecidos por el sudor.
Grasosas imágenes sobrevienen como un vómito,
chorreando de entero la habitación
con vapores grumosos que asimilan toda textura
y abren en los objetos, cráteres olorosos a perfume dulzón…
Al retirarme, un boceto febril reposa en el centro del lienzo,
en esa cama nupcial,
mucho antes que ellos arriben o piensen al menos hacerlo:
Es un grabado de contacto que imita a la fantasía,
el apetito sexual sostenido en el entresueño,
diseño que en otro cuerpo dibuje,
como última caricia para poder despertar.


Un pescador lanza su red sobre un par de piedras secas,
en su hábito alivia la angustia por la generosa subienda
que jamás regresó.
En el charco solitario mi mano es un anzuelo y pesca
otra mano amiga,
su palma no tiene destinos, solo líneas de deseo.
En ella estrecho un puñal o una migaja amorosa
para los ratos de silencio.


Llamada de medianoche.

Hablo desde el infierno,
un estado de conciencia humana,
mis palabras no vacilan al decirlo: Estoy en el descenso.
No es fácil permanecer, o quiero decir
que no es difícil estar,
ya no es posible volver, ¿para qué?
más bien estoy condenado;
hoy prefiero este sentir que satisface
a mi voluntad,
ahora soy libre y preso de mi elección.





Los bonches marchitos

caen en el solar como piedras en un vestido de gala arrugado,
las piezas caídas son la afirmación de su vejez indigna y melancólica;
su fiesta es prolongada en la imaginación tras presenciar
el pétalo suelto masacrado por el gusano en graneros
subterráneos de hormigas obreras.
Y sin importar ya la ropa o la juventud, el verdadero reto consiste
en imitar a la planta y permanecer vivo ofreciendo la belleza,
hoja por hoja, hasta la muerte.

Dos ciegos.

Como cerdos que al vomitar sobre su alimento
despejan por fin toda duda de hambre,
así los enamorados se corresponden en afectos.
Semejantes a topos que la luz hiere encegueciéndoles,
hilan una sombra para abrigar de belleza
ese ideal de cuerpo que es proyección propia
y en la lejanía se hace parecer real,
tan puro como distorsionado;
imposible de vislumbrar por unos ojos
que se gustan ciegos.

4 comentarios:

  1. es algo agresivo, en ocasiones solo un relato o un pensamiento poco sutil.

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  2. es algo agresivo, en ocasiones solo agresivo relato o un pensamiento agresivo poco sutil...

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  3. Me Gusta La Del Cerdo!! Qe Inspiracion e Imaginacio...Admirable!! (y) Of:Lady Koral:)

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